Hinojosa del Duque

Granito para la eternidad

Población: 8.042 habitantes.

Gentilicio: Hinojoseños.

Patria de la “Fermosa Vaquera” que cantara el Marqués de Santillana. Hinojosa del Duque es un pueblo de grandeza, en su historia y monumentalidad como así lo deja patente la Iglesia de San Juan Bautista “Catedral de la Sierra”, uno de los conjuntos histórico-artísticos más importantes de provincia, y en las incontables ermitas que se extienden por el pueblo y por sus alrededores y que son escenario de veneración y regocijo popular cuando llega la primavera, destacando entre todas la Romería de la Virgen de la Antigua, la patrona.

Es en este pueblo donde la gastronomía cobra un protagonismo especial, unida siempre a las fiestas religiosas y civiles: relleno, sopa dorada, ajoblanco, lechón fritos… y entre la dulcería, de gran proyección comercial, las perrunas. Gran tradición artesanal constituyen la forja y la alfarería aunque ya en menor medida que antaño.

Esta localidad ofrece uno de los conjuntos monumentales más notables del norte de la provincia de Córdoba. Vinculada a la casa condal de Belalcázar desde 1.444, se convirtió en el municipio más importante del citado señorío gracias a las virtudes de sus tierras que desde tiempo inmemorial han sido aprovechadas mediante cultivos de cereal, permitiendo al mismo tiempo una amplia dedicación ganadera.

Esta singularidad histórica está muy presente en el carácter de sus gentes y en las formas constructivas de sus edificios más emblemáticos. Como ocurre con el Convento de la Purísima Concepción con dos portadas de estilo clásico construidas en el siglo XVI, o la Fuente del Pilar, durante siglos parada obligada para los pastores trashumantes y centro de las ferias de ganado.

Dentro del casco urbano también hay que mencionar otras construcciones como las ermitas de Santa Ana (Monumento Histórico Artístico), San Isidro, San Gregorio, o las parroquias de San Sebastián y San Isidro Labrador. Muy cerca del casco urbano, la ermita del Cristo de las Injurias ofrece vistas panorámicas de Hinojosa y la vecina Belalcázar. Mientras que por el contrario, las ermitas situadas en el medio rural denotan mayor antigüedad, como ocurre con la de la Virgen de la Antigua o San Benito, que aparecen mencionadas en el libro de monterías de Alfonso XI. Una situación que vuelve a repetirse en las de San Bartolomé y Santo Domingo.

Catedral de la Sierra

Esta es la denominación popular de la parroquia de San Juan Bautista debido a la magnitud y maestría arquitectónica de este templo, donde el granito se hace palabra. La iglesia, de planta basilical, consta de tres naves separadas por pilares de tradición románica. Las naves laterales están cubiertas por bóvedas de crucería, mientras que la central lo está por un artesonado de par y nudillo con tirantas.

La capilla mayor, diseñada por Hernán Ruiz I, aparece cubierta por una bóveda estrellada que alberga en sus plementos una serie de pinturas barrocas.

En el interior destaca la capilla del baptisterio, diseñada por Hernán Ruiz II, que aparece cubierta por una bóveda vaída de granito con molduras que forman círculos y óvalos.

En el exterior, junto a la esbelta torre, hay que reflejar la grandiosidad de la fachada renacentista que se abre a la plaza, que muestra las dos líneas fundamentales de la arquitectura del siglo XVI, el plateresco y el clasicismo, gracias a la maestría de los Hernán Ruiz.

Otros detalles de interés los aportan el juego de ventanas plateresco de la sacristía, donde aparecen esculpidos los escudos de los Zúñiga y los Sotomayor, la ventana de la capilla del baptisterio, y la portada de los píes de estilo gótico-mudéjar.

Ermita de San Sebastián
Esta ermita supone el ejemplo más nítido de las ermitas serranas del norte de Córdoba. Su estructura está formada por grandes arcos fajones y cubierta de madera a dos aguas. Sus dimensiones más de 23 metros de largo y 10 de anchura, demuestran las magnitudes de este templo.

Convento de la Purísima Concepción

Esta congregación fue fundada por Fray Luis de la Cruz, uno de los miembros de la familia condal de Belalcázar en 1.543. De esta época es la capilla y fachada de este convento formada por siete grandes contrafuertes enlazados entre sí por arcos escarzanos. Las dos portadas que se abren al exterior son de estilo clásico. En el patio, dentro de la clausura, hay que mencionar el claustro formado por arcadas sostenidas por columnas de granito.